democraciaAbierta: Opinion

La defensa ideológica de la democracia no funciona en América Latina

En la región más desigual y violenta del mundo, la defensa de las instituciones democráticas necesita una nueva narrativa

democracia Abierta Manuella Libardi
22 octubre 2021, 12.01am
Cartel anunciando una misa para rezar por la salud de Fidel Castro en Bogotá, Colombia, enero de 2007
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Julián Ortega Martínez/Wikimedia Commons/CC BY-SA 2.5

Cada dos años, Latinobarómetro conduce su informe sobre la salud democrática de las naciones latinoamericanas y, encuesta tras encuesta, nos muestra que el apoyo a la democracia en la región es bajo.

El reporte de 2020 no es diferente. La confianza en la democracia desplomó en Ecuador y Colombia, bajó en otros tantos países, como Venezuela, Panamá y Argentina, y aumentó en una larga lista que incluye a Brasil, El Salvador y Guatemala, países con presidentes acusados de un creciente autoritarismo.

Aunque el informe no es esperanzador, tampoco es sorprendente. Los últimos 24 años de encuestas de Latinobarómetro nos muestran que los latinoamericanos nunca han apoyado con fuerza a la democracia. En el por qué, puede estar la clave para mejorar y buscar formas más eficientes de proteger a nuestras instituciones democráticas.

Las etiquetas autocráticas no son un problema

Entre los 18 países incluidos en el reporte, representando a más de 600 millones de personas, en apenas seis – es decir, un tercio – el apoyo a la democracia es superior al 50% (Uruguay, Costa Rica, Chile, Bolivia, Argentina y Venezuela; en República Dominicana, el apoyo está justo sobre el 50%). Menos de la mitad de la población en dos tercios de América Latina, cree que la democracia es el mejor sistema de gobierno.

Y aunque esos números se han mantenido más o menos estables desde 1996, cuando Latinobarómetro empezó a medir el índice, en todos los países salvo dos (Venezuela y Chile), el apoyo a la democracia es menor hoy que en 1996, según el reporte.

El debate sobre democracia es importante y tiene que existir. Pero es importante entender que enfocarse semánticamente en la dicotomía entre democracia y autoritarismo, no es el camino para convencer a la ciudadanía de apoyar a sus instituciones democráticas.

Como lo demostró el -sorprendentemente- popular presidente de El Salvador, Nayib Bukele, al autodefinirse recientemente el “dictador más cool del mundo mundial” y actualmente el “emperador de El Salvador” en la bio de su Twitter, a los latinoamericanos esas etiquetas no les importan. El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, también lo deja claro cuando se autodefine “genocida” con ironía en interacciones con sus seguidores. “Ahora soy el que mata a mucha gente, ¿cómo se dice? ¡Genocida! Ahora soy un genocida”, dijo en abril de este año.

Bajo éxito democrático vs. éxito relativo de populistas

Una de las razones de esta confianza se debe a la ineficiencia de los gobiernos democráticos para abordar algunos de los problemas más urgentes de América Latina, como la desigualdad, la violencia y la corrupción. Llama la atención que el apoyo a la democracia en América Latina, tuvo algunos de sus números más altos a principios de los años 90, cuando la atmósfera era de esperanza tras las dictaduras militares de las décadas anteriores. Con la excepción de algunos picos de apoyo alrededor de 2010, coincidiendo con el boom de las commodities que impulsó el crecimiento económico en la región, el apoyo democrático ha bajado.

De forma general, los latinoamericanos no sienten que están sustancialmente mejor hoy que en la era no democrática

Pero, a pesar de los avances democráticos y el crecimiento económico, América Latina sigue afligida por los mismos problemas que históricamente caracterizan a la región. Nuestros países siguen conformando la región más desigual y más violenta del mundo y protagonizando algunos de los casos de corrupción más escandalosos de la historia. De forma general, los latinoamericanos no sienten que están sustancialmente mejor hoy que antes.

Además, algunos de los países que más crecieron en la región, lo hicieron bajo presidentes con rasgos autoritarios. Según el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag), los países que lideraron el crecimiento económico en América Latina entre 2000 y 2019 son Bolivia, Perú, Cuba, Panamá y República Dominicana, con Bolivia logrando unos de los índices más impresionantes de la reducción de la pobreza (23% entre 2005 y 2018). Cuba y Bolivia lo hicieron bajo Evo Morales y los hermanos Castro respectivamente, líderes poco democráticos pero populares.

Ese hecho camina de la mano del éxito de líderes populistas con poco aprecio por las prácticas democráticas de décadas anteriores. Luego de los tiempos conturbados que siguieron las guerras de independencia de principios del siglo XIX, América Latina experimentó cierta estabilidad y crecimiento en manos de líderes autoritarios, como Getúlio Vargas en Brasil, Juan Perón en Argentina, Lázaro Cárdenas en México y Fidel Castro en Cuba, por dar algunos ejemplos.

Baja experiencia democrática

Uno de los motivos detrás de la desconfianza de los latinoamericanos en la democracia, es su poca experiencia con ese sistema. Los países de la región no han vivido mucho tiempo bajo sistemas democráticos, una vez que la ola de democratización en América Latina se da, en su mayoría, sólo a fines de los años 80.

Apelar a ideologías importadas no ayudará a avanzar la causa en una región asolada por la pobreza, corrupción y violencia

En términos prácticos, eso se traduce a algo como cuatro presidentes electos democráticamente desde los años 90 en algunos casos, como en Brasil, por ejemplo. Además, esos gobiernos democráticos han sido interrumpidos en diversos países con la remoción cuestionable de líderes electos, como ocurrió en Brasil en 2016 y Bolivia en 2019, por citar casos recientes. Es decir, tampoco ha habido continuidad democrática en la región.

Hay que cambiar el enfoque retórico

Simón Bolívar, el presidente, el libertador y el dictador que en sí ya personificaba las contradicciones latinoamericanas, había argumentado hace más de dos siglos que los sistemas democráticos, en las formas como fueron implementados en el Norte Global, tendrían dificultad en crear raíces en nuestra región. “En tanto que nuestros compatriotas no adquieran los talentos y las virtudes políticas que distinguen a nuestros hermanos del Norte, los sistemas enteramente populares, lejos de sernos favorables, temo mucho que vengan a ser nuestra ruina … Se puede concebir que un pueblo recientemente desencadenado se lance a la esfera de la libertad, sin que, como a Icaro, se le deshagan las alas y recaiga en el abismo?”, escribió Bolívar en su Carta de Jamaica de 1815.

Las ideologías que ayudaron a formar los sistemas democráticos en otras partes, en diversos aspectos, no conversan con la gente de nuestra región y no ganan elecciones. Cuestionar si este o aquel líder latinoamericano tiene o no rasgos autoritarios, aunque infinitamente necesario en la academia y en otros círculos, no es efectivo entre poblaciones que no ven grandes problemas con tener líderes autoritarios.

Nuestras instituciones democráticas necesitan ayuda, pero los políticos y los que trabajan por la defensa de la democracia, tienen que abordar los problemas que los líderes democráticos han fracasado en solucionar. Apelar a ideologías importadas no ayudará a avanzar la causa en una región asolada por la pobreza, corrupción y violencia.

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