democraciaAbierta: Opinion

El retorno de los BRICS expone la creciente pérdida de la hegemonía de Occidente

El bloque de cooperación Sur-Sur apuesta por el resurgimiento y la renovación, con Argentina, Irán y Argelia buscando membresía

Manuella Libardi
12 agosto 2022, 12.01am
Representantes dos BRICS voltaram a se reunir em junho, depois de um hiato de dois anos
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Adriano Machado/REUTERS/Alamy Stock Photo

Las cuatro economías llamadas emergentes más importantes de la primera década del siglo se reunieron por primera vez en septiembre de 2006 para discutir maneras de colaborar fuera de los confines impuestos por los países hegemónicos. En 2009, durante la crisis financiera que asoló a Occidente, Brasil, Rusia, India y China oficializaron lo que vino a conocerse como los BRIC (por sus iniciales) a través de su primera cumbre oficial en Rusia. El año siguiente, mientras las grandes potencias desarrolladas reunidas alrededor del G-7 seguían intentando contener la sangría del crack de la burbuja inmobiliaria estadounidense, el bloque diplomático se convirtió en los BRICS con el ingreso de Sudáfrica, una economía mucho más pequeña que la de sus nuevos socios pero muy conveniente para incluir a África en el diseño del nuevo bloque.

Los cinco países se aprovecharon de los años en que el mundo desarrollado se recuperaba de las consecuencias de su propia ganancia neoliberal para consolidarse en el escenario internacional a través de la cooperación Sur-Sur. Durante ese tiempo, los BRICS surgieron como la promesa de un cambio económico global. Pero eso no sucedió.

A partir de 2015, los BRICS ya demostraban señales de debilidad. En respuesta a la crisis, China – la economía más fuerte del bloque – desplazó su enfoque de la exportación hacia el consumo interno. Esa transformación estructural hizo que su PIB disminuyera, alcanzando en 2016 sus niveles más bajos desde 1990 hasta aquel momento.

Sus compañeros de bloque sintieron los efectos. Brasil, que tiene a China como principal socio comercial, vio un decrecimiento económico del 3.5% en 2015. La recesión se repitió en 2016, año que culmina con la destitución de la presidente Dilma Rousseff durante un proceso que allana el camino para la ascensión de la extrema-derecha que vemos hasta hoy.

Neoliberalismo occidental vs. capitalismo autoritario

A pesar de las reflexiones y expectativas que suscitó, la crisis del 2008-09 no logró desplazar los principios neoliberales del ethos económico global. De hecho, el período que siguió vio la ascensión de líderes populistas de derecha en muchas partes, quizá más fuertemente representada por Donald Trump en EE.UU., pero también Recep Tayyip Erdoğan en Turquía, Narendra Modi en India, Viktor Orbán en Hungría y Jair Bolsonaro en Brasil. El período también marca el auge de movimientos de extrema derecha en Europa, parcialmente motivado por la crisis financiera que llevó a las autoridades nacionales y de la Unión Europea a aplicar duras medidas de control del déficit y de austeridad.

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Las economías de Estados Unidos y Europa, o del Norte Global, pueden haberse recuperado (parcialmente), pero el Occidente no ha recuperado el status hegemónico alcanzado después de la Guerra Fría, el mismo que hizo que el politólogo americano Fukuyama declarara “el fin de la historia” en los años 90 y el triunfo de la democracia liberal sobre los otros sistema de organización política. La percepción de que las políticas neoliberales causaron la crisis financiera afectó permanentemente la confianza (global y doméstica) en el capitalismo occidental, lo que ha favorecido – intencionalmente o no – el capitalismo Estatal, o capitalismo autoritario, representado más fuertemente por China.

Ahora, dos crisis globales concomitantes impulsan esta tendencia. La pandemia de Covid-19 puso otra vez en evidencia las deficiencias del sistema global basado en el mercado. China emergió como el sobreviviente campeón de la crisis, aunque arrastra problemas internos, y su agresiva política de Covid-0 ha generado malestar social y freno económico. Similarmente, la guerra en Ucrania ha expuesto las debilidades económicas de Europa, que sufre inflación a niveles récord fruto de la combinación de políticas monetarias agresivas para la recuperación económica tras el shock de la pandemia y la fuerte dependencia de la energía rusa. Las disrupciones globales también tuvieron efecto negativo en la economía de EE.UU., que disminuyó 1.4% en los primeros tres meses de 2022.

Por otro lado, la economía de Rusia, que fue sometida a algunas de las sanciones económicas más duras de la historia moderna, no ha colapsado, como muchos analistas habían previsto. En junio, el rublo era la moneda con el mejor rendimiento del mundo, aunque los grandes mercados financieros se mantienen al margen de invertir en la divisa rusa. La capacidad de Rusia de resistir hasta el momento a los ataques económicos de Occidente también impulsa el atractivo del capitalismo autoritario.

La segunda venida de los BRICS

Esa percepción de una capacidad de resistencia exitosa tanto de Rusia como de China para hacer frente a las crisis globales vuelve a mostrar el potencial de alianzas fuertes entre actores del Sur Global. La oportunidad ciertamente no ha pasado desapercibida para China y Rusia.

Los éxitos económicos de China y Rusia han fortalecido el ascenso del capitalismo autoritario

Después de un hiato de dos años, los BRICS volvieron a reunirse – virtualmente – en junio en encuentro que tuvo a China como anfitrión, marcando un importante voto de confianza de parte de la comunidad internacional en Rusia después de meses de aislamiento profundo. Pero los integrantes ya daban indicios de ese posicionamiento. Tres de los miembros del bloque, China, India y Sudáfrica, se abstuvieron de votar en la resolución de la Asamblea General de la ONU que condenó a Rusia en marzo.

Brasil votó por condenar al país, pero la reacción en casa no fue unánime. Bolsonaro evitó críticas a Rusia, actitud semejante a la que asumió el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva y favorito a ganar las elecciones presidenciales de octubre. El abordaje parecido del líder de extrema derecha y del candidato de izquierda muestra que el interés de Brasil en cooperar con los principales propulsores del capitalismo autoritario va más allá de las ideologías políticas.

Y Brasil no es el único. En junio, Argentina, actualmente liderada por un gobierno de izquierda, también solicitó membresía a los BRICS. Ese mismo mes, Irán hizo lo mismo. Y más recientemente, Argelia también demostró interés.

Si Argentina, Irán y Argelia ingresan al grupo, los BRICS tendrán cinco miembros con gobiernos autoritarios y tres democracias. Las diferencias económicas, políticas y sociales entre sus miembros son enormes, habiendo contribuido en el pasado a su baja productividad. A pesar de las contradicciones, el cálculo geopolítico y los intereses económicos, los países vuelven a apostar por un multilateralismo distinto al liderado por Occidente.

Si el bloque tendrá un destino diferente al vivido luego de la crisis financiera queda por ver, pero el resurgimiento del interés por un espacio geopolítico distinto del surgido de la Segunda Guerra Mundial refleja que la pérdida de hegemonía del bloque Occidental ha alcanzado nuevos niveles – mientras se configura un nuevo orden mundial liderado por regímenes autoritarios.

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