democraciaAbierta: Opinion

Sin apoyo popular, a Bolsonaro solo le queda apostar por la violencia para ser reelegido

El presidente brasileño no se muestra dispuesto a aceptar los resultados de octubre si no le son favorables. Pero, ¿tiene fuerza política suficiente para efectuar un golpe?

Manuella Libardi democracia Abierta
26 agosto 2022, 12.00am
La aprobación del gobierno de Bolsonaro se ha mantenido en torno al 30% durante todo su mandato
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Mateus Bonomi/AGIF/Sipa USA/Alamy Stock Photo

La actitud antidemocrática de Jair Bolsonaro frente a las elecciones del 2 de octubre tiene a Brasil en alerta. Los brasileños parecen oscilar entre la confianza en sus instituciones democráticas, que han frenado las acciones antidemocráticas del presidente de manera efectiva, y el temor a que intente interferir en los comicios o a que rechace el veredicto de las urnas.

La campaña electoral empezó oficialmente este mes, dando lugar a los debates y pronunciamientos públicos que no han servido para apaciguar la preocupación existente. En su entrevista al Jornal Nacional, el noticiero más importante del país, el pasado lunes, Bolsonaro se rehusó a responder si aceptará los resultados de octubre. “Las urnas se respetarán mientras las elecciones sean limpias y transparentes”, contestó cuando el presentador preguntó si él “se compromete a respetar el resultado de las urnas sea cual sea?”.

En seguida, Bolsonaro argumentó que una investigación llevada a cabo por el partido PSDB en 2014 concluyó que las urnas electrónicas – que el presidente ataca consistentemente desde que empezaron las encuestas electorales que apuntan una clara victoria de Luiz Inácio Lula da Silva – no son auditables. Pero el propio PSDB determinó que no hubo fraude en esas elecciones, cuando su candidato perdió contra Dilma Rousseff, la candidata del Partido de los Trabajadores (PT).

Es decir, Bolsonaro se compromete a aceptar los resultados, pero no el resultado apuntado por las urnas electrónicas – que es lo mismo que afirmar que rechazará la voluntad de la gente si ésta no le es favorable. En su empeño en diseminar desconfianza en el sistema electoral brasileño, el presidente ha implicado a las Fuerzas Armadas, que han propuesto cambios en el sistema al Tribunal Superior Electoral (TSE) lo que constituye un claro intento de interferencia con la institución encargada de supervisar las elecciones.

El éxito del circo mediático de Bolsonaro

Además de hacer alusión a un posible intento de golpe, Bolsonaro también usó el espacio ofrecido por el noticiero para mentir abiertamente acerca de sus acciones y actitudes durante la pandemia de Covid-19. Sus respuestas muchas veces suscitaron reacciones incrédulas de los dos entrevistadores.

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El presidente brasileño ha implementado medidas populistas, pero su real estrategia electoral es otra

Muchos brasileños seguramente tuvieron reacciones similares del otro lado de la pantalla. La entrevista de Bolsonaro dio al Jornal Nacional su audiencia más alta desde marzo de 2020, cuando la pandemia produjo altos índices de rating. Aunque el fenómeno pueda simplemente demostrar preocupación por lo que serán, quizás, las elecciones más importantes del país en décadas, el interés también ilustra el éxito de la estrategia de Bolsonaro de invertir en el caos mediático.

Durante la entrevista, las respuestas de Bolsonaro también fueron uno de los temas más comentados en las redes sociales, lo que pone en evidencia la efectividad de su táctica de mentir y diseminar fake news para captar la atención. Aunque la mayoría de las menciones a Bolsonaro fueron negativas, el interés generado preocupa porque transforma las entrevistas a los candidatos, uno de los procesos democráticos más importantes de campaña electoral, en simple entretenimiento.

7 de septiembre

Las conmemoraciones del 7 de septiembre, que marca el Día de la Independencia de Brasil con un gran desfile, ofrecerán otra oportunidad a Bolsonaro de demostrar con qué fuerza cuenta frente a las elecciones. En 2021, su intento de usar las celebraciones para ostentar su potencia y escenificar el gran apoyo con el que supuestamente cuenta, fue un fiasco. Con solo el 6% del público previsto en São Paulo, Bolsonaro logró lo opuesto a lo que muchos temían que sería un intento anticipado de autogolpe, y el espectáculo bochornoso se volvió en su contra.

Este año, Bolsonaro intenta una vez más movilizar a su base violenta de seguidores, pero a través de un abordaje más preciso. En vez de apostar en un movimiento generalizado, Bolsonaro se enfocará en Río de Janeiro, uno de sus principales reductos electorales – y también donde se concentran algunos de sus apoyadores más radicales. El comando militar de la ciudad, ha cancelado el tradicional desfile en la Avenida Presidente Vargas, en el centro de la ciudad, y realizará un acto menor en el Fuerte de Copacabana, como había sugerido Bolsonaro.

Los bolsonaristas más afectos realizarán un evento en ese barrio de Río, que contará con la presencia de Bolsonaro. Sin embargo, el comando militar desistió finalmente de involucrarse directamente en los actos pro-Bolsonaro, demostrando su voluntad de separar la imagen de las Fuerzas Armadas de los intentos golpistas del presidente. 

Al romper con las tradiciones y convenciones de la fecha conmemorativa, intentando capitalizarlas a favor de su campaña, Bolsonaro demuestra que su intención no es celebrar el bicentenario de la independencia de Brasil, sino usar sus partidarios más violentos para enviar un mensaje hostil capaz de amedrentar a la población y movilizar el mayor número de apoyos posible.

El intento de golpe de Bolsonaro tiene fuertes aliados

Aunque las Fuerzas Armadas han demostrado cautela en su apoyo a un potencial golpe de Bolsonaro, otros sectores de la sociedad han sido menos reservados. Muchos pastores evangélicos, representantes de la religión que más crece en Brasil, están empeñados en su misión de reelegir al presidente. Líderes religiosos estarán al lado de Bolsonaro durante el acto puramente político en Copacabana – y han instado a que los fieles hagan lo mismo.

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Frente a la mayoría de encuestas que apuntan a la victoria de Lula, el presidente brasileño apuesta por la mentira deliberada, el acoso legal y la violencia verbal

Pero no son los únicos aliados de peso con los que cuenta Bolsonaro. El 19 de agosto, el portal de noticias Metrópoles publicó mensajes de un grupo de WhatsApp en que ocho grandes empresarios demuestran apoyo explícito a un golpe en caso de que Bolsonaro pierda las elecciones frente a Lula.

Los mensajes generaron una reacción inmediata no solo de la sociedad civil sino también de las autoridades. El 23 de agosto, la Policía Federal (PF) lanzó una operación, autorizada por el Supremo Tribunal Federal (STF), contra los ocho empresarios como parte de una investigación sobre el funcionamiento de milicias digitales.

La decisión también generó controversia, una vez que intensifica aún más el foco en la relación entre el Poder Judicial y el Ejecutivo. Para muchos analistas, la acción de las autoridades puede ser interpretada como motivada políticamente si ésta solo se basa en mensajes privados. Bolsonaro cuestionó la extensión de las medidas de la PF, sin mencionar al juez del STF Alexandre de Moraes, a quien frecuentemente ataca públicamente.

Desde el principio de su mandato en enero de 2019, Bolsonaro ha mantenido un apoyo popular sobre los 30%. La reprobación a su gobierno siempre ha sido más alta que su aprobación, siendo actualmente de 43%. El presidente no ha logrado disminuir esa brecha a través de políticas que él mismo anteriormente caracterizó como populistas, como programas de transferencia de dinero a la población para intentar aumentar su apoyo popular.

Su acercamiento a pequeños partidos siuados en el centro del espectro político, el llamado Centrão en Brasil, tampoco ha surtido el efecto deseado. De hecho, su maniobra política irritó a sus seguidores más ardientes

Hace tiempo que está claro que Bolsonaro no tiene el apoyo suficiente para ganar las elecciones en las urnas. Pero ha tenido tiempo suficiente para organizarse con base en ese hecho. La promoción de la violencia funcionó en 2018, cuando Bolsonaro contaba con ventajas de apoyos nacionales e internacionales. Ahora, la violencia es lo que le queda. Bolsonaro lo sabe. “

Si es necesario, iremos a la guerra”, afirmó durante un evento en junio.

La tentación de repetir algo parecido al asalto al Capitolio alentado por Trump es evidente. Ahora queda por ver si el sólido sistema electoral brasileño y sus instituciones democráticas son más fuertes que los intentos golpistas de un político en franca decadencia, pero peligroso. 

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